Adios Compañero Favio

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Queridisimo

(Texto de Oscar Cuervo publicado originalmente en el blog La Otra  el 07-07- 2009)

Hay una acepción de la palabra “autoridad” que no se debería perder: la que viene de la familia de palabras de “autor”, “autorizar”, “auge”, cuya raíz etimológica alude a todo lo que te hace crecer. Una autoridad es alguien que te permite crecer. En ese sentido son autoridades los grandes artistas, los autores. Un tipo cuya palabra te abre el mundo, te abre el corazón y, por qué no, te abre el culo.

En Argentina hay pocos pero buenos (en todas partes, naturalmente, hay pocas autoridades). Y, entre aquellos con los que tenemos la suerte de convivir y respirar el aire de la misma ciudad, hay uno que es número uno, el primero de todos. El tipo cuyo talento, fragilidad, potencia, claroscuros y genialidad artística ilumina la época. El tipo que canta Fuiste mía un verano, el que filmó El romance del Aniceto y la Francisca. Leonardo Favio.

Favio, con sus setenta y pico y ya bastante maltrecho, no ha cesado durante estos últimos años de producir gestos luminosos, amorosos. Su película Aniceto es uno de ellos. No ha tenido recepción fácil, porque la cosa está complicada para el buen cine y casi ninguna buena película tuvo recepción fácil en los últimos tiempos. Pero eso no importa, porque las películas quedan y alguien va a nutrirse de ellas dentro de años y años, cuando ninguno de nosotros ya esté aquí, así como seguimos viendo L’argent de Robert Bresson, que tampoco tuvo rececpción fácil cuando se estrenó, y ahí la ves.

Favio le dedicó Aniceto a tres personas: al gallego Héctor Ricardo García, al perro Verbitsky y a Felipe Solá. Son esos gestos de amor en los que Leonardo abarca en sus brazos generosos mundos diversos, heterogéneos, contradictorios, impuros e incómodos. Por supuesto que me llamó muchísimo la atención el año pasado cuando al final de Aniceto vi esa dedicatoria. Y pensé: Favio no deja un sólo segundo de sus películas sin aprovechar para mandar mensajes poderosos. Quienquiera oir que oiga. Y si no te gusta, te podés matar.

Bueno, todos sabemos qué anduvo haciendo Felipe en los últimos meses, la gente con la que se juntó, las cosas que dijo, el barco al que se subió. Y más de una vez me pregunté qué estaría pensando Leonardo por haberle dedicado una de sus mas preciadas criaturas a este tipo.

La semana pasada, dada la cantidad de flancos que dejó expuestos el kirchnerismo para ser aprovechados por la derecha, y dada también la importante densidad poblacional de hijos de puta por kilómetro cuadrado que habita la Argentina, el Pro de Maurizio, el colombiano, la tontuela de Michetti y Felipe se anotó una gran victoria política, inmediatamente celebrada en los antros más infectos de la nación. Y hablando de antros infectos, la mesa de Mirtha Legrand debe ser el más emputecido, infectado y venenoso de todos ellos, y su anfitriona se ganó, a lo largo de muchos años de tertulias con genocidas, chupacirios, alcahuetes, ortibas y buchones, el merecido mote de vieja de mierda.

Así que la vieja de mierda invitó al cuarteto de ganadores-Pro. Y en un momento, la gorilona se burló de la preocupación de la presidenta de la nación por el golpe de estado en Honduras. Y sus anfitriones, el cuarteto imperial, acompañaron con risas cínicas sus tristes sarcasmos o simplemente guardaron silencio.

Cualquiera que no fuera irremediablemente un mal nacido le habría parado el carro a la soreta. Le habría dicho, amablemente: no señora Mirtha, no se tome a la chacota lo de este golpe de estado en Honduras, ¿ya se le olvidó que Argentina vivió los años más negros de su historia bajo regímenes militares asesinos y predadores? Le habría dicho, aun con suma corrección: no mujer, está bien que usted apoyó a todos los golpes militares y que usufructuó de ellos, pero ya está bastante grande y puede empezar a redimirse de tanta abyección, abuelita. Pero Maurizio, Francisco, Gabriela y Felipe no dijeron nada, se la dejaron pasar, quizá porque también a ellos les importa un pito el golpe de estado en Honduras, o porque incluso lo apoyan. O quizá simplemente por oportunismo, porque no les conviene malquistarse con la hez.

Y ahí entra en acción Leonardo Favio. Probablemente él haya estado presenciando el mismo programa, quizá estaba prestando atención al comportamiento de ese hombre al que él le había dedicado, nada menos, su última obra. Y Felipe calló.

Y Felipe cayó.

Quedó bien con Mirtha y con los cretinos que la siguen. Pero fue expulsado del cine de Favio. Menuda sanción. Favio ordenó inmediatamente borrar el nombre de Felipe de todas las copias fílmicas, de todas las copias en video y dvd; incluso borrar de los negativos (todo aquel que se dedique al cine sabe de la sacralidad del negativo fílmico de una película) el nombre de Felipe Solá. Solá no hizo nada, o casi nada, apenas callar ante la canallada de Legrand. Y Leonardo hizo un gesto de autoridad severo y escueto, destinado no a la coyuntura sino a la posteridad de que gozan las obras de arte : lo borró de su cine, para siempre.

Y Solá se quedó un poco más preso de la ocasión. Y un tanto más solo.

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Palabras propias

(Pagina12 07-11-2012)

A lo largo de los años, en distintas entrevistas concedidas a Página/12, Favio fue ofreciendo no sólo definiciones intransferibles sobre los más diversos temas sino también su particular manera de decir, su tono único, tan reconocible como el de sus películas y canciones. Aquí van algunas de ellas.

El circo

“Los actores de circo y yo somos iguales porque ambos amamos el arte por el arte mismo. ¿Querés un anónimo más grande que un payaso de circo, que un trapecista, que un enanito? Ayer, un enanito me mostró sus fotos y me advirtió: ‘Te tengo una más chiquita’, y sacó orgulloso la foto de su hija, ‘enanita como yo’. ¿Querés algo más grande que el orgullo de ese hombre que está contento simplemente porque va a hacer sonreír a alguien? Yo me formé en esa corriente. Mis orígenes están en el radioteatro más popular. Soy un hombre de radioteatro, pero nunca me pude despojar del hecho de que trascendiera mi nombre. Aunque pasar por la vida haciendo reír a la gente y vivir de eso sin quitarle las ganas de vivir a nadie es más importante que la necesidad de descollar y de lucir que nos impone nuestra profesión y que además nos seduce de esta profesión. Cuando yo llamo ‘mis iguales’ a los actores de circo, lo digo con envidia. Me habría gustado ser uno de ellos, pero Dios me colocó en otro lugar.”

Las canciones

“Para mí, el cine y las canciones no son dos vías distintas. La gente tiene que entender que amo tanto una cosa como la otra. Muchos dicen: ‘Leonardo canta para ganar la plata que le permita hacer cine’. Eso no es cierto. Yo canto porque me gusta tanto o más que el cine. Y si soy un compositor de vuelo rasante, bueno, cada uno vuela hasta donde le dan sus alas, pero estoy orgulloso de mis canciones. Como suelo decir, mis canciones están en el inventario familiar de todo el mundo de habla hispana. Canciones como ‘O quizás simplemente te regale una rosa’, que es un himno en toda Latinoamérica. Las generaciones van cambiando y los coliseos se llenan con jóvenes que corean esas canciones que nacieron en la intimidad de mi hogar como un divertimento, como una broma, y que trascendieron las fronteras e hicieron milagros. Mis canciones hicieron milagros como que yo comiera más a menudo, que pudiera pagar el alquiler, que pudiera ser solidario con quien yo quiero, porque tengo los medios para hacerlo, hicieron de los aviones una alfombra mágica que me llevó a países insólitos. Mis canciones hablan idiomas que yo ignoro. Han sido traducidas al francés, al hebreo… En fin, con todo eso, ¿cómo no voy a amar la profesión de la canción o cómo voy a renunciar a ella, que me permite continuar en la pelea?”

La religión

“Yo amo la teología de barrio. Recuerdo que una vez el padre Mugica se cagó de risa porque yo tenía un rosario. ‘¿Te creés que Dios es tarado –me dijo–, que quiere que le estés repitiendo quince o veinte veces el Avemaría con ese podrido rosario que tenés ahí? Con todo eso lo estás aburriendo a Dios.’ ‘¿Vos te creés que Dios no mira con ternura todo esto?’, le contesté. Yo sé que mi rosario no ayuda en nada a Dios, pero él se da cuenta de que yo estoy repitiendo letanías que vienen de mis ancestros. Ese sonido me comunica con mis muertos queridos y con un universo de gente que se inclina ante la fe. Yo cuando rezo el Rosario lo hago con un profundo amor, y sé que Dios se sonríe frente a todo eso, como se sonríe Jehová cuando el judío se pone frente al Muro de los Lamentos, o frente a los que en la India le encienden sahumerios. Dios se sonríe con ternura porque nos ama.”

El país

“¿Cómo lo veo hoy (N. de la R.: 27 de agosto de 2006)? Maravillosamente bien. No es fácil la tarea en la que está envuelto este hombre. Yo diría que finalmente, después de más de cincuenta años, no tenemos un político en el gobierno, tenemos un conductor, un tipo que te convence con hechos concretos. Y despojado de toda hipocresía política. Pero además con mucha visión y mucho talento. Me gustaría que lo supiéramos preservar. Antes tenía una gran expectativa con la mujer de él, cuando la oía en sus exposiciones dentro del Congreso. Me llamaba la atención. ¡Qué brillante! Y veo que lo que decían se va cumpliendo, y más. Es como un nuevo milagro, porque vienen de un pueblo chiquito, y sin embargo están ahí, dando una batalla que la gente entiende poco a poco.”

El peronismo

“No hay ni nueva etapa ni vieja etapa. Es como decir que hay un nuevo cristianismo. El peronismo siempre fue uno. ¿Se da cuenta? Yo tengo carnet de conductor, pero yo no manejo, ¿me entiende? Vos podés llegar a los más altos estamentos de un partido político y no tener nada que ver con ese partido. Porque uno es lo que hace y hace lo que es. ¿Qué tiene de cristiano el papa Borgia? O tantos otros. O muchos obispos que hemos tenido acá. Y de golpe te encontrás por ahí con una persona en China, por ejemplo, que ni oyó hablar de Cristo, y es más cristiana que Su Santidad. Entonces… el partido, como partido, nunca me expresó. Ni como cineasta, ni como nada. Lo que yo amé es lo que vi, el trato con el niño que fui, con la ancianidad, las obras que se realizaron, la visión, el talento… Vos escuchás un discurso de Perón en aquella época o algo que respondía y te quedás perplejo, porque estaba cien años adelante de todo. Y todo lo que él dijo se fue dando. Entonces, ¿qué es ser peronista? Yo digo que todo el que se sensibilice frente a un niño desvalido, o frente a un salario injuriante de un obrero, o no vea en una marcha de protesta un tumulto de gente que molesta sino un conjunto de individuos que tienen algo que reclamar, ése es mi compañero, milite donde milite. Yo no le pregunto a nadie quién es ni de dónde viene. Mientras sea buena gente… Esto puede ser también producto de mi ignorancia. Yo no conozco la Constitución, por ejemplo. Pero no necesito leer la Constitución para saber qué es lo que corresponde. No sé, estoy muy feliz con esta etapa que se está viviendo. La llegué a ver, Dios me dio esa posibilidad.”

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