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Pronunciamientos, Volantes, Posiciones

Manifiesto Primero

Estándar

Colectivo Indiciario se propone debatir y problematizar el actual estado del campo disciplinario de la Comunicación Social. Surgido como una iniciativa de estudiantes y graduados de La UES en la Carrera de Comunicación, el grupo  está abierto a todos aquellos con la vocación de aportar a que tanto nuestra carrera como nuestro campo profesional recuperen su carácter crítico y comprometido con una comunicación mas democrática, popular y participativa.

Indicios en la periferia…

Indiciarios son los nexos entre los signos y lo real. Entre los objetos y las representaciones que los testimonian, clausurando así, los siempre agazapados artificios de la entelequia. Dando cuenta de un existente, antes que de una mediación, a la hora de aludir a lo real.

Indiciarias también han sido las operaciones de construcción del conocimiento durante buena parte del desarrollo de la humanidad. El llamado “paradigma indiciario” orientando la percepción hacia lo menos evidente, configuró un tipo de saber partiendo de fragmentos mínimos de la experiencia. Su potencial metodológico radica en partir de los indicios para establecer un contacto existencial, tanto con el objeto que designa como con el sujeto que lo percibe.

Pero tanto la percepción subjetiva de los indicios como su complementación vía operaciones intuitivas o conjeturales, le valieron el desprecio de las ciencias institucionalizadas. Si bien supo ser germen de la escritura y de la medicina, con la excepción de su recupero por la criminalística y el psicoanálisis, las ciencias modernas pretendieron desterrarlo a las tinieblas del pensamiento mágico. Su pecado: asumir las particularidades del contexto para construir afirmaciones que no siempre pudieran guardar las pretensiones de universalidad que la ciencia occidental reclama. Pero, tal vez, lo que más enfadó a sus detractores haya sido el carácter popular de una práctica milenaria a través de la cual los hombres han adquirido saberes efectivos y han resuelto satisfactoriamente infinidad de situaciones sin el auxilio de la erudición libresca como legitimante.

Valga entonces nuestra reivindicación de un modo de entender la validez y legitimidad de las operaciones de construcción del saber, relegadas por el poder y sus cómplices en las élites académicas, a la hora de discutir y ensanchar el espacio de lo decible.

Viejos temas, nuevos desafíos. La particularidad de una época.

Superando la reproducción permanente de un modo de dominación, entendida como un fenómeno universal para quienes permiten concesionar su voluntad a un pesimismo cafeinómano, podemos asumir ya sin pudores las novedosas condiciones que re-habilitan pensar y construir instancias para la liberación. Circunstancias en el contexto mundial, regional, nacional y comunitario, que cruzan los terrenos de lo técnico, lo político y lo cultural nos llevan hoy, a liberar nuevamente la utopía.

Estamos en los albores de una era tan prometedora como desafiante, pero sin duda, la más propicia para quienes estudiamos la Carrera de Comunicación Social. La sociedad de la información y el conocimiento, profetismo neoliberal o fatal certeza cuyo sentido se encuentra todavía en disputa, nos interpela para repensar las posiciones y las reivindicaciones históricas que la tradición latinoamericana forjó en materia de estudios de comunicación/cultura.

Nadie duda ya de la necesidad y el alcance de los mass-media en el formateo de la subjetividad de una época. Es una disputa, hasta hoy desigual, por la construcción social de sentidos. Nosotros, los cuadros profesionales surgidos de la universidad pública, cargamos con la responsabilidad de hacer de nuestro desempeño profesional una praxis transformadora y comprometida con una Argentina más justa y equitativa. Lograr una inserción laboral legítima, que admita el desempeño de nuestra vocación, y la realización de nuestras convicciones como comunicadores comprometidos con una sociedad más democrática, soberana y participativa, sigue siendo el ítem pendiente para quienes hablar de trabajo es manchar el debate académico con el polo corrupto y degradado de la división social del trabajo, el de la materialidad y por ende, la renuncia al topus Urano de las almas bellas.

Ya no se trata del gesto romántico de reinstalar los fracasados debates en torno al N.O.M.I.C. como testimonio de “los que aún no se resignan”. La propia coyuntura latinoamericana se ha encargado de reflotarlos, recolocándolos esta vez, no ya bajo la égida de la UNESCO, sino en el marco de la soberanía de los Estados Nacionales de nuestra Patria Grande. Así, las transformaciones en el sistema de medios de nuestro continente, planteando un feroz enfrentamiento contra los oligopolios empresarios del sector, emergen en el preciso momento en el que se afianza el paradigma de la TDT, como transición tecnológica en afianzamiento.

Ampliadas con ello, las posibilidades técnicas de existencia de aún más medios, se inaugura a su vez un nuevo modo de entender el carácter publico de las comunicaciones. Rompiendo la dicótoma mercado-Estado, que entendía al último término del binomio como la única posibilidad de lo público. En nuestro propio país existe hoy una legislación que se encuentra a veces adelante de los propios planteos de los colectivos y organizaciones sociales y del tercer sector. El Estado aparece entonces no sólo como representante sino como garante de la visibilidad de nuevas subjetividades, nuevos sujetos sociales emergidos del campo popular en la forma de cooperativas, sindicatos, ONGs, organizaciones sociales, etc. que tendrían hoy un acceso igualitario al espectro radioeléctrico.

Esta nueva realidad nos impone pensar abordajes, no solo en materia de producir contenidos o reflexionar estrategias, sino que aparecen como urgentes los conocimientos ligados a la gestión de medios. Aquellos que nos saquen del esquema de empleado para pensarnos como productores a cargo de los nuevos medios y soportes. La nueva legislación, las actuales líneas estatales de financiamiento hacia los medios sociales, las nuevas posibilidades técnicas (siempre relegadas en la curricular bajo una tecnofobia inentendible), deben integrarse urgentemente a nuestro recorrido teórico-practico. Aciertos y errores de las experiencias de comunicación popular, autogestiva, alternativa, etc. deben ser recuperadas para que todos los estudiantes y graduados contemos con herramientas para salir a la cancha en este novbedoso panorama, con las propuestas que soñamos, pero con el reaseguro de no fracasar allí donde antes otros también antes lo hicieron.

¿Indiciarios para qué?

Aliados del pensamiento lateral, desde que constatamos el cerco teórico que impide profundizar las discusiones en torno al vínculo entre  comunicación y cotidianidad, apostamos a la construcción de saberes desde la pluralidad y el eclecticismo propio del hacer. Enmarcando esta empresa en un presente, aquí y ahora, desbordado por una historia que ilumina el hoy y un futuro que asoma cada preciso e inasible instante.

Indiciarios para tirar de la punta del ovillo… a ver que sale! Desde los naufragios, como evidencia brutal que solo cobra sentido en la periferia, seguimos señalando indicios que incomodan. Que evocan metonimias impensables. Que cuestionan al anquilosado statu quo academicista, esos adalides del auto proclamado “pensamiento crítico”, que en los hechos siguen reproduciendo una universidad academicista, reaccionaria, elitista y profundamente liberal.

Inspirados en la acción y el pensamiento de Rodolfo Walsh, Paco Urondo, Héctor Schmucler, Armand Mattelart, Eduardo Romano, Jorge Rivera, Nicolás Casullo, Aníbal Ford y un larguísimo santoral de intelectuales que lejos de mirarse el ombligo, plantearon con madurez y responsabilidad los grandes interrogantes de su tiempo. Nuestro humilde aporte consistirá en el intento de, entroncando en las inquietudes emancipatorias de estos próceres, interrogarnos por los desafíos de nuestro propio presente histórico.

Nuestra Facultad, durante años, ha sido presa del terrorismo de quienes lejos de resolver sus guerritas de egos mediante un cruce de fuego  a través de su producción teórica (como en otras latitudes), intentan dirimir sus diferencias politico-academicas en  cada elección de claustro jugando de figurones candidateables a decanos o directores de carrera testimoniales. Sin otra finalidad que hacerle lugar a los grupos que desde graduados o estudiantes parasitan la universidad pública con intereses sectarios y absolutamente alejados de las necesidades sociales a las que desde la educación superior se debiera aportar.

Sin embargo, quienes hacemos desde la academia nuestra opción por el campo popular, asistimos también a un panorama inaudito. Más allá de los grandes consensos sobre la coyuntura, preocupa la absoluta ausencia de pronunciamientos sobre el rumbo de nuestro país y por ende del aporte que a esto debieran hacer nuestras disciplinas.

Ya todo parece estar discutido y no se oye ningún lugar a observancias o matices. Como un fukuyanismo nac&pop, pareciera que para algunos hemos alcanzado el cenit de la civilización occidental sin que quedara ya mucho por hacer. Sin que restaran, aún, dolorosas asignaturas pendientes.

Desde el Colectivo Indiciario, creemos que esta vacancia puede ser muy costosa, tanto para el actual proceso político en ciernes, como para la calidad y excelencia de nuestras casas de estudio. No hay modo de optimizar la calidad en la enseñanza superior si no es poniéndola a producir, a pensar y, con ello, a prueba. Y pensar se piensa indefectiblemente contra. Contra un modo de ver y entender las cosas, que requiere ser revisado para ser reafirmado, quizá rectificado o, incluso, revolucionado. Se piensa contra las clausuras del idealismo ingenuo, tanto como contra el posibilismo coyuntural. Pensar y pronunciarse para ampliar los márgenes de las posibilidades  del presente.

Nuestra carrera es, en el advenimiento de la “primavera democrática”, el corolario institucional de una serie de experiencias de lucha que durante los 70’s se dieron al margen de la la academia. Sin embargo, la reclusión de toda nuestra facultad durante los años de resistencia al neoliberalismo marcó una impronta de la que hoy parece no poder salirse sin renunciar al trabajo intelectual.

Siempre ha sido costoso el paso de la resistencia a la construcción. Pero ninguna edificación perdurable  prevalece sobre cimientos endebles. No debidamente revisados o puestos responsablemente en cuestión. Por lo que asumimos esta tarea, no desde la reivindicación de la necesidad de la “independencia” y el “libre pensamiento”, vicio liberal sacralizado que parece desvelar a ciertas “izquierdas” de la Facultad de Sociales. Sino, desde el compromiso con la construcción de una comunicación de y para el Pueblo, que desborde el cinismo de los eslóganes panfletarios para hacerse índice del mañana que, como decía Arlt, “es nuestro, por prepotencia del trabajo”.

Colectivo Indiciario

27-03-2012