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Eduardo Luis Duhalde, ese hombre

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Eduardo Luis Duhalde, ese Hombre

Rodolfo Walsh se dirigió mediante una carta abierta a la primera de las cuatro juntas militares que presidieron al país desde el 24 de marzo de 1976 hasta el 10 de diciembre de 1983. Así, al comienzo de lo que se conoció como Proceso de Reorganización Nacional, pero que en realidad fue la más sangrienta dictadura de la historia argentina, el periodista denunciaba:”Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles”.

Dar testimonio en momentos difíciles. ¡Vaya cualidad!

Pero las dimensiones del drama histórico suelen ser injustas, eclipsando aveces el reconocimiento de quienes llegaron a nuestros tiempos preservando intacto su compromiso. Las circunstancia de aquella “carta abierta a las juntas”, se sabe,  culmiaron tan sólo 24 horas después con la trágica desaparición de Rodolfo Walsh. Recordar este episodio, aquel contexto y la suerte de sus protagonistas, habilita la reivindicacion de un compañero que desde una perspectiva ideológica muy similar a la de Walsh, vivió y sobrevivió a la feroz dictadura cívico-militar sin renunciar a sus principios y convicciones. Y sobre todo, pese a las dificultades que significaron los años 70 en la Argentina y en América Latina, vivió y sobrevivió militando. Ese hombre es Eduardo Luis Duhalde.

La noticia de su fallecimiento el pasado martes 3 de abril, causó un profundo dolor a quienes somos parte del espectro militante de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Es que su bandera, la de los Derechos Humanos, es también la nuestra. Su lucha nos contagió y contagia y su muerte nos obliga a defender lo conseguido en esta materia.

Abogado, juez, historiador y periodista argentino, editó libros y culminó su vida como Secretario de Derechos Humanos de la Nación. Su cargo por excelencia. Año tras año, los estudiantes de la carrera de Ciencias de la Comunicación llenan las aulas en los teóricos y los prácticos de la cátedra de Derecho a la Información que durante décadas ha llevado su nombre. Y que para quienes tuvimos el privilegio de cursarla, seguirá siendo su apellido la referencia ineludible de un programa académico semejante.

Es cierto que en los últimos años lo sentimos algo ausente de nuestra casa de estudios. Sus obligaciones públicas lo reclamaron y no se permitió el privilegio de seguir acumulando más pergaminos ni cruces en los casilleros del curriculum académico que desvela a las burocracias profesorales. Tampoco ofició de figurón ni forista profesional intra-academia. Y mientras muchos colegas suyos, adalides del autoproclamado “pensamiento crítico” y presuntamente “de izquierda”, se montaron a la olita destituyente post-125; despotricando contra la aprobación de la ley de medios o sencillamente reclamando la necesidad de una academia “independiente” de los debates que atravesaron nuestro país en los últimos años, él eligió la senda de la tenacidad y el trabajo militante para, desde el Estado, profundizar la política de la memoria y avanzar en los juicios contra los crímenes de lesa humanidad.

Pero su vocación de compromiso y transformación social no se reduce a su desempeño de los últimos años en la gestión gubernamental, sino que es un luchador de larguísima data y desde varios frentes: Como abogado, en ese solido binomio que conformo con Rodolfo Ortega Peña desde los tiempos de la resistencia, defendió a cientos de militantes, muchos de ellos pertenecientes a organizaciones revolucionarias de la mas diversa procedencia y extracción política. Renunciando a cualquier sectarismo Duhalde y su compañero defendieron a todos en un polémico activismo que asumía a sus defendidos como compañeros del campo popular, poniendo siempre en un segundo plano sus legitimas discrepancias ideológicas. Un ejemplo de solidaridad, amplitud y generosidad política que bien podría retomarse en nuestros tiempos democráticos. Cuentan que en 1972, llego incluso a viajar en remis hasta Trelew para asistir a los presos políticos alojados allí, antes de la renombrada masacre. A causa de su labor tanto Eduardo Luis como su compañero sufrieron persecuciones y atentados que llegaron a la explosion (reiteradas veces) de su estudio jurico.

Desde lo estrictamente periodístico, dirigió, a partir de mediados de 1973, también junto a Ortega Peña, la revista Militancia Peronista para la Liberación, que luego de clausurada en junio de 1974 pasó a llamarse De Frente, evocando a la homónima publicación dirigida por John William Cooke entre el 53 y 56. Además fue autor y compilador de decenas de libros, entre los que podemos nombrar El Estado terrorista argentino (escrito en su exilio en España); El asesina to de Dorrego. Poder, oligarquía y penetración extranjera en el Río de la Plata; Contra Mitre, los intelectuales y el Poder: de Caseros al ’80; y Felipe Vallese: Proceso al sistema, estos tres últimos junto a con Rodolfo Ortega Peña.

En épocas donde era muy reciente el retorno del movimiento popular al gobierno tras casi 18 años de proscripción y en vísperas del fallecimiento del líder, Duhalde llevó adelante ese principio al que hacía referencia Walsh: El clima político había recrudecido. La Alianza Anticomunista Argentina patrullaba las calles en busca de militantes del peronismo de izquierda. Perón ya había muerto y 30 días después fue asesinado por la Triple A Ortega Peña. El crimen de su compañero dejó a Duhalde muy golpeado de cara a la arremetida militar que no tardaría en efectuarse.

Ya bajo gobierno dictatorial, las Fuerzas Armadas dispusieron su captura y la incautación de sus bienes. Por este motivo, Duhalde debió exiliarse en España pero sin intenciones de abandonar la lucha. Desde allí, organizó la Comisión Argentina de Derechos Humanos (CADHU), organismo encargado de denunciar el terrorismo de Estado en la Argentina.

Su incansable labor y esmero le valieron el Premio Internacional al Periodismo otorgado por la Asociación Pro-Derechos Humanos de España, en 1990. Ha desempeñado el rol de consultor de Derechos Humanos de las Naciones Unidas; fue miembro de instituciones académicas argentinas, de América Latina y de Europa; y participó en organismos de derechos humanos internacionales.

Su vocación internacionalista lo llevó a integrar diversas misiones de paz al África y, en América Latina, a El Salvador, Chiapas, Nicaragua, Perú y Colombia, en sus zonas de mayor conflicto.

Un militante de verdad, que desde el Colectivo Indiciario recordaremos y reivindicaremos siempre. De los de antes, aquellos que militaban el presente pasados los 70 años. Contagiaba a los más jóvenes con sus escritos, con su oratoria y con su compromiso y amor en la búsqueda de un mundo mejor, en donde los Derechos Humanos sean siempre una bandera irrenunciable.

¡Hasta siempre, Eduardo! ¡Hasta siempre, compañero!